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Siete heridas emocionales de la infancia que perduran cuando somos adultos

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La niñez es una de las etapas más importante de la vida, en la que nos vamos formando para crecer como personas de bien, hechas y derechas. Sin embargo en algunos casos es durante esta etapa que sufrimos algunas de las peores heridas que nos persiguen durante toda la vida, hasta la adultez.

La infancia es valiosa y además de los aprendizajes cognitivos, durante esta etapa vivimos muchas emociones bajo las que formamos nuestra personalidad, nos ayuda a relacionarnos y a enfrentar los desafíos de la vida adulta. Si estas emociones son negativas, debemos desintoxicarnos antes de que sea muy tarde.

La responsabilidad de los padres es cuidar las acciones que realizan frente a los más pequeños. Hay que recordar que ellos pueden estar siempre observando todo lo que haces y absorben esto como un aprendizaje. Los hijos no nacen sabiendo, aprenden tomando a los padres como ejemplo.

Queremos recordarte cuales son las heridas más fuertes que pueden provocar un daño emocional a tu hijo. Toma estos consejos en cuenta para evitar cometer un error del que luego te arrepientas. Los padres no tienen un manual que les diga la manera en que deben actuar y vivir.

Estos son los traumas de la niñez que cualquier pequeño es vulnerable

Miedo al abandono: ocurre cuando la persona responsable del niño, especialmente la madre, no quiere ser la figura protectora. De esta manera, el pequeño se queda bajo el cuidado de terceras personas o permanece solo durante mucho tiempo. Estas personas crecen con muchas inseguridades y dependencia emocional.

Violencia familiar: la sociedad ha enseñado que golpear al niño cuando se porta mal está bien. Sin embargo esa conducta los lleva a crecer como individuos violentos, bajo una ley de que el más fuerte es quien tiene la razón. De esta manera crecen siendo maltratadores.

Rechazo por los padres: en ciertas ocasiones los padres rechazan a su hijo por haber sido indeseado, por tener parecido a alguien de la familia o por algún inconveniente debido a su nacimiento. Esto produce una sensación de culpa y auto rechazo, de adultos pueden sentirse inútiles e insuficientes sin importar cuanto se esfuercen.

La injusticia: los niños desde pequeño, saben lo que es el trato igualitario. Cuando un niño crece en un ambiente injusto, donde favorecen al otro hijo por encima de uno, tiende a crecer con mucha inseguridad y visión pesimista.

Las traiciones: esta es una gran falla, los padres prometen muchas cosas que al final no terminan de cumplir. Esto forja en los niños, una actitud celópata e insegura ante la vida y los demás.

Humillación: las burlas y descalificaciones por parte de los padres son las marcas más grandes e irreparables. Esto daña la autoestima y aumenta la depresión con el auto rechazo. Esta es una carga que pesa en la adultez.

Temer a lo desconocido: algunos padres buscan alentar a sus hijos a no temerle a las nuevas experiencias, subestimando muchas veces sus miedos. Los niños siempre requieren paciencia y si fuerzas de manera violenta a realizar algo que no desean, se vuelven inseguros al cambio. Esto nunca es sano en la vida adulta.

Es importante reevaluar tus actitudes hacia tus hijos y cuidar de no hacer un daño que termine siendo irreversible.